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sábado, 22 de enero de 2011

Una pequeña meditación acerca de la Gloria Moral de nuestro Señor Jesucristo.

(Primera Parte)

Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová,  su ofrenda será flor de harina,  sobre la cual echará aceite,  y pondrá sobre ella incienso, y la traerá a los sacerdotes,  hijos de
Aarón;  y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite,  con todo el incienso,  y lo hará arder sobre el altar para memorial;  ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová. Levíticos 2:1-2

     En las escrituras tenemos que la gloria de nuestro Señor es triple – su gloria personal, su gloria oficial y su gloria moral. Al entrar en este mundo El veló su gloria personal, salvo en ocasiones cuando pudo ser descubierta por la fe. Asimismo también veló su gloria oficial; El no caminó por esta tierra como el Divino Hijo que venía del Seno del Padre, ni tampoco anduvo con la autoridad del Hijo de David. Tales glorias fueron comúnmente escondidas, y no fueron descubiertas por El durante las circunstancias de su vida. Sin embargo, su gloria moral no pudo ser escondida, pues Él no pudo dejar de ser perfecto en todo, dado que esta cualidad le pertenece a Él, siendo Él mismo la representación de la perfección máxima. Estamos frente a una excelencia tan intensa, que fue demasiado brillante para los ojos de los hombres, hombres que estuvieron bajo la constante exposición y reprensión de esta perfección; sin embargo esta gloria brilló aun cuando los hombres no pudieron soportarla. Su gloria moral ilumina cada página de los 4 evangelios, así como alguna vez iluminó cada uno de los caminos Él pisó durante su vida en esta tierra.


     Se ha dicho de nuestro Señor que “Su humanidad fue perfectamente natural en todo su desarrollo”. Esta es una verdad hermosa que Lucas 2:52 nos confirma. No hubo absolutamente nada innatural en su desarrollo humano, todo siguió el curso apropiado. Su sabiduría siguió el ritmo de su edad, El fue niño antes de ser un hombre. Solo  en esta última etapa de su vida (Como el hombre perfecto de Dios) fue que El testificó al mundo acerca de sus obras malignas llegando a ser odiado por los hombres; pero como niño él fue sujeto a sus padres bajo la ley demostrando así perfección. En esta condición fue que el creció “en gracia para con Dios y los hombres”.

     Pero a pesar de este progreso natural, El consiguió distinguirse debido a la total ausencia de perversión, pecado o error en su persona. Su madre guardó todas estas cosas en su corazón, pero a pesar de la vida inmaculada del Señor, El tuvo que decirle: ¿Por qué me buscabais? 
     Sin embargo en Él, el progreso fue una manifestación de su belleza moral, y su crecimiento fue ordenado y oportuno, manifestando así un carácter humano en toda su expresión.

  Continuara....

(Traducido de "A Short Meditation On The Moral Glory Of The Lord Jesus Christ" de J G Bellet)


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